La larga espera bajo la lluvia nos sirvió a ambas para recapacitar
y comprender que la vida no se trata de llegar y bajarse de la micro.
En el TrasVida no existen taxis ni mucho menos furgones clandestinos
que nos ahorren el sudoroso trayecto hacia la Tierra de Quién Sabe
Dónde. Tampoco podíamos culpar al Ministerio de Transporte y
Telecomunicaciones de nuestra desorientación, por más que quisiera
echarle la culpa a la Concertación de esto tb!
Una melodía
alarmantemente conocida se hizo presente en el aire, a medida que unas
extrañas luces se nos acercaban peligrosamente. Rojas, amarillas,
azules y de neón, nos encandilaron cual OVNI tunneado preparado para abducirnos. Sus perreantes pasajeros nos hicieron
espacio, invitándonos a "bellaquear" el resto del recorrido. Subimos
cautelosamente, sin estar muy seguras que nos gustaba guayala, pero
dispuestas a romper el suelo y hacerlo suavecito.
Tanyi, precavida, se acercó al chofer para verificar nuestro destino.
- Disculpe, señor ¿para dónde va esta micro?
- Al infierno pa gozah, morena.
Afuera
hacía frío y llovía. Ante la duda, consultamos al perrito con cuello de
resorte en el tablero del chofer: respuesta afirmativa al ritmo Las
Guanabanas. De esta micro no nos bajan.


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